La carretera que lleva a Cadaqués es ya, en sí misma, una experiencia: serpentea de manera vertiginosa por los contrafuertes del macizo del Cap de Creus, con curvas cerradas que ponen a prueba la concentración del conductor y la resistencia del estómago del pasajero. Pero justo cuando parece que no va a terminar nunca, aparece ante vosotros una de las imágenes más icónicas de la Costa Brava: la bahía de Cadaqués desplegándose a vuestros pies como una pintura.
Desde este mirador, situado en la carretera GI-614, se obtiene una visión privilegiada de todo el núcleo blanco de Cadaqués, con sus casas encaladas que trepan por las colinas, coronadas por la silueta imponente de la iglesia de Santa María. Al fondo, la bahía cerrada y de color zafiro, protegida por las montañas del Cap de Creus que caen directamente al mar. Es el punto de vista clásico, el de las postales y las fotografías que han dado la vuelta al mundo, pero que en persona resulta mucho más grande, más silencioso y más conmovedor de lo que ninguna imagen puede transmitir.
La luz de la mañana, cuando el sol entra desde levante y baña las fachadas blancas, es especialmente dramática. Por la tarde, en cambio, el núcleo queda en sombra y el mar toma tonalidades cobrizas y doradas. Recomendamos detenerse en ambos momentos si es posible. El acceso a pie desde el pueblo es posible por senderos señalizados y resulta una opción excelente para quienes quieren disfrutar del paisaje sin las limitaciones del aparcamiento.
