El Cap de Creus es el punto más oriental de la península Ibérica, el primer rincón de España que toca la luz del sol cada mañana. El faro que lo corona, construido en 1853, se erige sobre un paisaje lunar de roca esquistosa que la tramontana y el mar han esculpido durante milenios hasta crear uno de los entornos naturales más singulares de Europa. Estar aquí en un día de tramontana fuerte es una experiencia casi mística: el viento puede superar los 100 km/h, las olas se rompen contra las rocas a decenas de metros de altura y el rugido del mar es ensordecedor.
Pero incluso en días tranquilos, las vistas desde el Cap de Creus son sencillamente incomparables. Hacia el norte, en días claros, se distingue la costa francesa y, en ocasiones, las islas Medas y el nevado Canigó. Hacia el sur, la bahía de Roses y el macizo del Montgrí. Al este, nada: solo la extensión infinita del Mediterráneo hasta el horizonte. Cadaqués, visto desde aquí, es un punto blanco minúsculo entre la piedra y el agua, y es precisamente esta perspectiva la que permite entender la magnitud y la soledad de este paisaje excepcional.
Junto al faro se encuentra el restaurante Cap de Creus, que sirve platos de mercado y pescado fresco con vistas al mar. Es un lugar excelente para detenerse a comer o tomar un café y dejar que la grandiosidad del paisaje haga su trabajo.
